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Espectros

  Espectros Por Marián Briceño Admiró la gota color carmesí descender de sus dedos en dirección al suelo. Ella sonreía con ínfulas de reina, victoriosa. La pesadilla había terminado, sabía que lo había salvado. La voz se calló. Miranda limpió el cuchillo en su pantalón analizando la escena con orgullo. Sus ojos volaron de un lugar a otro con tanta rapidez como fue capaz, aquella otra voz le premiaba por haberlo hecho muy bien. Se había levantado por un grito de auxilio. A un lado el frasco de pastillas destapado. Miró aquellas píldoras con asco. Las odiaba. Siempre la hacían dormir demasiado y muchas veces no sabía ni quién era. Se la pasaba dopada y como adormecida. Tenía muchos meses sin tomarla y en ocasiones engañaba a Alfonso, su marido, fingiendo que lo hacía. Además, sin medicina podía estar más alerta.  Caminó unos pasos mirando de reojo a su esposo dormir a su lado, las ojeras pronunciadas ocultaban la belleza que algún día la conquistó. Lucía cansado. No quería alert...

El valor de decirte adiós

El valor de decirte adiós Marián Briceño 一Pero entendí que en esta vida no, mi amor. 一Leí en un susurro mientras ponía el punto y final a la carta de despedida que acabo de escribir. Con nostalgia inhalo el olor a madera y desinfectante del apartamento en un suspiro lleno de desasosiego. Mirando con despecho la hoja de papel, comprendí que es muy complicado decir adiós. Más de lo que pensamos, y a veces no queremos aceptarlo. Los seres humanos somos demasiado tercos, demasiado voluntariosos; pero eventualmente llega un punto en la vida... llámese momentos, circunstancias o experiencias en el que debemos entender, comprender y aceptar que nada es para siempre. Todo tiene un inicio y un final.  No quería levantarme de la mesa de la cocina. En realidad, me quedé perdida en el limbo observando aquellas ollas desiguales que colgamos en cualquier lugar del techo. Estábamos recién mudados. Sin conversar previamente, decidimos que ese sería nuestro espacio de libertad, de amor y creativida...

Hay algo curioso…

  Hay algo curioso… Marián Briceño Hay algo curioso en las ciudades grandes como Nueva York, porque pueden despertarte un intenso sentimiento entre amor y odio. Hay algo curioso en las ciudades grandes, porque pueden hacer que te pierdas en cualquier esquina y salir de ella sin saber dónde estás. O hacer que te encuentres con el amor de tu vida. Hay algo en las grandes ciudades, porque hay música, ruido, conciertos… pero también hay silencios y soledad... Siempre dual, siempre en equilibrio, como la vida misma. Quisiera decir que algo de eso siento en este momento, pero mentiría. Ahora solo siento frío. Mucho frío. Quisiera decir que tengo algún pensamiento rondando por mi mente encontrando ese equilibrio y dualidad, pero mentiría. Mi mente está tan callada que no sé qué esperar de mí. Ni siquiera notas, ni crescendos. Solo frío. Quisiera decir que me gustaría glissar mi piano como tantas veces hago en momentos de ansiedad, pero no puedo.  Mirando hacia una esquina de la sala ...

Anomalías de una mente anciana

  Anomalías de una mente anciana Marián Briceño Con una sonrisa siniestra y retorcida, Héctor revolvía con dificultad el whisky de un lado a otro con su mano izquierda ensangrentada. A sus pies yacía el cuerpo inerte de quien tanto daño le había hecho. Sobre su rodilla el arma homicida, que, parsimoniosa y dulcemente acariciaba con la yema de los dedos. Por fin había logrado su objetivo.  El silbido de la tetera le recordaba que el día había comenzado. Como de costumbre, se preparaba para salir a laborar. Despertándose de su ensoñación sacudió la cabeza. Tras pedirle permiso a sus huesos, y luego de refunfuñar unas malas palabras, apoyó su mano sobre el brazo del sofá para levantarse. Escuchó y sintió cada una de sus vértebras y huesos quejarse por el brusco movimiento. Arrastrando sus rotas pantuflas y tras pasar por un lado de la biblia abierta en el Salmo 23, llegó a la tetera que tenía tantos años como él. Apagó la cocina, sacó el sobrecito de té 一de dudosa procedencia一, y...

Los matices de la iniquidad

Los matices de la iniquidad Marián Briceño Tarde en la noche, la detective Alina Brown se encontraba en su cubículo revisando papeles sobre un caso que la tenía de cabeza. Y es que cada vez que llegaban a la comisaría casos de violencia de género le hervía la sangre. Más, cuando al hablar con sus superiores, la ignoraban, obviamente prestando más atención a los casos de homicidios  —sea cual fuere su grado—. Ella se sentía frustrada y muy, muy enojada. Alina quería hacer más. Sabía, muy dentro de ella, que tenía el poder de hacer algo diferente, generar un cambio por mínimo que fuera. Pero siempre que intentaba hacer algo, le recortaban los recursos y el personal, llevando su trabajo a ser más cuesta arriba de lo que por sí ya era. Además, caía sobre ella el hecho de ser mujer. No obstante, eso jamás la hizo sentirse menos. Se había graduado como detective con honores y méritos propios. Sudó, sangró, pensó, corrió y estudió como todos los demás. Ella lo había logrado sola. A la det...