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La pesadilla californiana

  La pesadilla californiana Por: Marián Briceño Una nunca está preparada para los cambios de la vida. Buenos o malos, por más que te repitas frente al espejo que puedes hacerlo, que estás abierta a lo que te depara el mundo, el destino, el universo… o el mismísimo Dios, que, estoy más que convencida de que si baja en carne y hueso a decirte: 一por aquí no es, es por aquí一. Así como yo, lo llenarías de argumentos y frases incoherentes de por qué él está equivocado. Sería algo así como: ¡No, Dios! ¡Que no! ¡Que yo ya fui por ahí y me parece que no es! Dios, no voy a dejar el trabajo que tengo por esa oferta buenísima, ¿y si no va bien? Tengo cuentas que pagar. ¡Que no voy a dejar a Luis Alberto, él va a cambiar. El empujón fue un error de cálculos! Somos voluntariosos.  Nos la pasamos pidiendo iluminación sin estar abiertos a mover un dedo para conseguirlos, sin hacernos responsables. Vivimos pidiendo un resultado distinto a la vida o un cambio de acción. Imploramos al maestro Bu...

Somos niños perdidos...

  Somos niños perdidos... Marián Briceño «Bum. Bum. Bum. Bum». Mi corazón late con fuerza, tanta que lo escucho hasta en mis oídos. Puedo escuchar la respiración agitarse y ser consciente de los ligeros e involuntarios temblores de mis manos. Siento la bilis subir y bajar sin control. El sudor frío de mi frente es un recordatorio de la fiebre que debo controlar.  No sé cuánto tiempo llevo mirándome en el sucio y roto espejo. Sin moverme, detenida, como suspendida en el tiempo… mirando sin mirar. La bruma en mis ojos es tan intensa que más allá de mi reflejo solo veo una mancha borrosa que se confunde con las que ya tiene. Lágrimas siguen cayendo sin control, pero ya no me molesto en limpiarlas, las dejo fluir.  Un hipido se me escapa mientras me aferro al lavamanos con tanta fuerza que mis nudillos se vuelven blancos pese a la inmundicia de mis manos. Agacho la mirada conteniendo los gemidos. El dolor es tan intenso que no puedo respirar.  Alzo de nuevo la mirada e i...