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Mostrando las entradas con la etiqueta relatos cortos

Se puede volver a amar

Se puede volver a amar Por Marián Briceño Diego estuvo mucho rato observando a su alrededor. Se recriminaba en qué momento su amigo Miguel lo convenció de que una cita a ciegas era “la mejor” de todas las ideas que se le habían ocurrido en su vida. Estaba loco. Hacía muchísimo tiempo no tenía una cita y solo pensar en eso causaba estragos en su corazón. Le sudaban las manos y tampoco es que podía dejar de mover las piernas. ¿Y si le tocaba una persona que no le gustaba? ¿Cuál era la salida? ¿Y si era un catfish? Se habían visto casos de gente engañada y secuestrada por caer por inocentes en casos como estos. Estuvo apunto de levantarse cuando el mesonero le preguntó si esperaba a alguien para ordenar. ¿Qué era lo mejor que podía hacer? ¿Un vaso de agua lo haría parecer nervioso? ¿El vino tendría una connotación más provocativa? ¿El whisky lo haría parecer como un depredador? Ya no tenía idea. La sociedad estaba tan diferente que no sabía qué era lo correcto. Diego se reprochó mentalmen...

Incidencias de una obsesiva compulsiva

  Incidencias de una obsesiva compulsiva Por: Marián Briceño «No pises la línea, no pises la línea. No pi…». El hecho de haberla pisado fue lo que llevó a lo que sería un ataque de ansiedad del que estoy segura no voy a salir. Yo me voy a morir y eso está escrito en piedra, en la carta astral o en la Biblia. De eso estoy segura. Mi cuerpo ya siente las arcadas, me tiemblan las manos y cada vez que parpadeo veo estrellitas blancas.  «Me está faltando el aire», afirmo. «¿Me está faltando el aire?». Dudo si realmente me estoy muriendo o no. Estoy intentando no sentarme ni caerme, para no pisar nada que no deba pisar ni desencadenar otro ataque de ansiedad.  «Mi antibacterial, ¿dónde está mi antibacterial?». Es el cerebro quien hace esas preguntas a las que yo en realidad no tengo respuesta.  El trastorno obsesivo compulsivo se apodera de mí y solo veo manchitas sin poder resolver. Me gustaría decir que no estoy entrando en pánico pero mi subconsciente sabe que mi yo con...

Anomalías de una mente anciana

  Anomalías de una mente anciana Marián Briceño Con una sonrisa siniestra y retorcida, Héctor revolvía con dificultad el whisky de un lado a otro con su mano izquierda ensangrentada. A sus pies yacía el cuerpo inerte de quien tanto daño le había hecho. Sobre su rodilla el arma homicida, que, parsimoniosa y dulcemente acariciaba con la yema de los dedos. Por fin había logrado su objetivo.  El silbido de la tetera le recordaba que el día había comenzado. Como de costumbre, se preparaba para salir a laborar. Despertándose de su ensoñación sacudió la cabeza. Tras pedirle permiso a sus huesos, y luego de refunfuñar unas malas palabras, apoyó su mano sobre el brazo del sofá para levantarse. Escuchó y sintió cada una de sus vértebras y huesos quejarse por el brusco movimiento. Arrastrando sus rotas pantuflas y tras pasar por un lado de la biblia abierta en el Salmo 23, llegó a la tetera que tenía tantos años como él. Apagó la cocina, sacó el sobrecito de té 一de dudosa procedencia一, y...