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¿Cuándo es la última vez?

  ¿Cuándo es la última vez? Por Marián Briceño Los ojos se le abrieron impresionados al ver el positivo casi sobresalir de aquella prueba de embarazo.  Hay ciertas ocasiones en las que las emociones pueden desbordar a una persona. En el caso de Lucía, no podía contener las lágrimas del pesar y el sinsabor de lo que conllevaba un embarazo. Más cuando no es deseado. Afuera la esperaba Luis Enrique, ansioso y deseoso de un resultado contrario al obtenido. Tembló al imaginar los gritos y la culpa, los manotazos al aire y el futuro golpe a cualquier superficie cercana. ¿Podría botar la prueba y fingir demencia? ¿Romper la pantallita sin consecuencias? Cualquiera de esas opciones la llevaría a lo mismo, era un callejón sin salida.  Se quedó sentada en el inodoro mirando la nada. Saboreó el amargo de la culpa en su garganta. Pudo haberse cuidado. Estar pendiente de su ciclo, prestar atención a la aplicación de su teléfono que le notificaba cuándo no era bueno tener relaciones o ...

Penumbras

Penumbras Por Marián Briceño Las nueve y cincuenta de la noche marcadas en el reloj de pared le avisaba que faltaban apenas diez minutos para que acabara su turno. El repiqueteo constante de su bolígrafo sobre la mesa demostraba cuán cansada estaba y lo mucho que quería llegar a casa. Eva comenzó a sentir el miedo y la ansiedad correr por sus venas. El trabajo en la oficina, para ella, era solitario y a veces muy frustrante. Su vida era monótona y rutinaria. Consistía en despertar a las siete de la mañana, asearse, hacer el desayuno, salir de casa, agarrar el metro que la dejaba a dos cuadras larguísimas de su trabajo y luego sentarse a contestar llamadas hasta las diez de la noche. Caminar las mismas dos cuadras, esperar el metro y regresar a casa, hacer su almuerzo, cenar cualquier tontería y dormir. Entendía su soledad. La odiaba, pero era parte de su rutina. Una llamada más la sacó de su pensamiento. Estaba sola. En todo el lugar, lo único que se escuchó fue el tono de llamada más ...

Un espíritu inquebrantable, por las que vendrán.

  Un espíritu inquebrantable, por las que vendrán. Por Marián Briceño El aire se estaba acabando. Lo sentía en sus pulmones ardidos, en la forma en que cada vez le costaba más respirar. Inmóvil, intentaba no mover ni un músculo para ahorrar el poco oxígeno que le quedaba. Sin querer, lágrimas desesperadas y llenas de ansiedad le salían por la comisura de sus ojos que no distinguían más que negro y madera. En cada parpadeo veía destellos de luz. No podía respirar, le ardían los pulmones. Aspiraba seco. Gotas infinitas de sudor descendían por su rostro, pecho y espalda. Paulina pensó que con cortas bocanadas de aire lograría aguantar un poco más. No quería rendirse, pero era tan difícil. En el mundo hay personas como ella que se encuentran tan aferradas a la vida que no saben cuándo es el momento de someterse, de ceder el control. Giró la cabeza hacia la derecha y tras un suspiro entrecortado lo entendió. Estaba tan cansada. En 1800, las niñas bien educadas no podían sugerir nada que...

Los matices de la iniquidad

Los matices de la iniquidad Marián Briceño Tarde en la noche, la detective Alina Brown se encontraba en su cubículo revisando papeles sobre un caso que la tenía de cabeza. Y es que cada vez que llegaban a la comisaría casos de violencia de género le hervía la sangre. Más, cuando al hablar con sus superiores, la ignoraban, obviamente prestando más atención a los casos de homicidios  —sea cual fuere su grado—. Ella se sentía frustrada y muy, muy enojada. Alina quería hacer más. Sabía, muy dentro de ella, que tenía el poder de hacer algo diferente, generar un cambio por mínimo que fuera. Pero siempre que intentaba hacer algo, le recortaban los recursos y el personal, llevando su trabajo a ser más cuesta arriba de lo que por sí ya era. Además, caía sobre ella el hecho de ser mujer. No obstante, eso jamás la hizo sentirse menos. Se había graduado como detective con honores y méritos propios. Sudó, sangró, pensó, corrió y estudió como todos los demás. Ella lo había logrado sola. A la det...