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Vicisitudes de un amor tóxico

  Vicisitudes de un amor tóxico. Marián Briceño Cristina vomitó por tercera vez, ¿o era la cuarta? en ese inodoro lleno de flujos y sustancias ilícitas 一y otras que quizás no tanto一. Ella sabía que debía salir de allí e irse a su casa. Sin embargo, sentía que no había poder humano en esta tierra ni en ningún universo paralelo que la levantara de allí. Era bastante consciente de que nadie más que ella era la responsable de encontrarse en ese estado. Su amiga Laura se lo advirtió. No obstante, cuando a una mujer terca y tóxica, como ella, se le mete entre ceja y ceja perseguir al ex, esas son las consecuencias que puede sufrir luego de intentar llamar su atención y descubrirlo “con las manos en la masa  «trasero» de otra”. No sabía dónde se había metido Mateo, pero había algo en ella que la empujaba a salir y buscarlo, como una desesperación que rozaba la ansiedad acelerando también su respiración. Si enfocaba su atención en otra cosa que no fuese el vómito, sabría que las manos...

Hay algo curioso…

  Hay algo curioso… Marián Briceño Hay algo curioso en las ciudades grandes como Nueva York, porque pueden despertarte un intenso sentimiento entre amor y odio. Hay algo curioso en las ciudades grandes, porque pueden hacer que te pierdas en cualquier esquina y salir de ella sin saber dónde estás. O hacer que te encuentres con el amor de tu vida. Hay algo en las grandes ciudades, porque hay música, ruido, conciertos… pero también hay silencios y soledad... Siempre dual, siempre en equilibrio, como la vida misma. Quisiera decir que algo de eso siento en este momento, pero mentiría. Ahora solo siento frío. Mucho frío. Quisiera decir que tengo algún pensamiento rondando por mi mente encontrando ese equilibrio y dualidad, pero mentiría. Mi mente está tan callada que no sé qué esperar de mí. Ni siquiera notas, ni crescendos. Solo frío. Quisiera decir que me gustaría glissar mi piano como tantas veces hago en momentos de ansiedad, pero no puedo.  Mirando hacia una esquina de la sala ...