Pensamientos

Pensamientos

Marian Briceño

Quería. De verdad quería volverlo a hacer. Pero nada salía. No había inspiración, no había palabras. ¿Se habría quedado sin imaginación? ¿Sin creatividad? Le había costado demasiado adaptarse a su nueva vida, a su nueva rutina; sin embargo,poco a poco se fue adaptando, y con el paso del tiempo se dio cuenta que por algo tenía que empezar, así que volvió a leer. No le costó demasiado volver a ese hábito de abrir un libro y olerlo con emoción, tocar la portada de aquella obra maestra, y perderse en ese otro universo —y ahora, también leía en otro idioma, lo que la hacía sentir mejor consigo misma. Se sentía poderosa—.


No obstante, era sentarse frente a la computadora y solo el vacío llegaba a su mente. ¿Se le habían acabado las preguntas? ¿Se quedó sin palabras? Tanto que decir, tanto que plasmar, tanto que enseñar y solo bastaba agarrar un lápiz y quedarse en blanco. Tiesa, como un muñeco de cera. Era una sensación bastante agobiante. Sentarse y no poder soltar todo lo que quería soltar. Como si se estuviera conteniendo. ¿Por qué? 


Mucho se había informado del bloqueo del escritor. Se sabía esa teoría de memoria. Sin embargo, la práctica era lo peor. Vivirlo era lo más agobiante. Querer contar y no saber por dónde empezar. Es como si le tuviera miedo al teclado, al qué dirán o simplemente a ella misma. A sus palabras, a su propia creatividad. ¿O acaso era a su imaginación? Tal vez era un miedo interno a triunfar, a que su voz tenga un valor. No era fácil sentirse observado, como un pez en un acuario.


Quería pensar que su famoso bloqueo no era más que pendejismo. Las ganas de auto sabotear su trabajo. Aunque, no podía negar que se le calentaban los cachetes y el pecho cada vez que intentaba escribir más allá de una línea. Ella tenía ideas, tenía varios proyectos sin concluir de su propia autoría. Conocidos la animaban a seguir escribiendo, a no perder la costumbre, pero nadie le agarraba la mano o le daba una palabra de aliento cuando se quedaba atorada con tantas emociones sin sacar, con tanto inexplicable que sentir y no lograba sacar. Nadie estaba ahí para hacerle porras “una línea más”. 


De qué nos sirve querer si no ponemos intención. ¿Había que auto obligarse a continuar?¿ A enfrentar con el teclado lo que tanto le ha costado? ¿Podría lograr escribir más de una palabra en su maravillosa historia? Imaginaba que no solo a ella le temblaban las manos a la hora de soltar tanto. Le encantaba imaginar que detrás de aquellos famosos best sellers, también estaban personas que en algún momento de su creatividad, también habían momentos de duda o de apatía. No quería seguir sintiendo esa apatía, quería seguir con esa línea escrita, inspirar, crear, transportar a nuevos mundos. Quería sentirse orgullosa de lo que escribiera, aunque no fuera demasiado importante. Volver a respirar y sonreír mientras tecleaba.


Y aquí me encuentro. De nuevo, intentando. Unas pocas líneas más, pero con una sonrisa en los labios. Orgullosa de saber, que todavía puedo y quiero lograrlo.


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