La pesadilla californiana
La pesadilla californiana
Por: Marián Briceño
Una nunca está preparada para los cambios de la vida.
Buenos o malos, por más que te repitas frente al espejo que puedes hacerlo, que estás abierta a lo que te depara el mundo, el destino, el universo… o el mismísimo Dios, que, estoy más que convencida de que si baja en carne y hueso a decirte: 一por aquí no es, es por aquí一. Así como yo, lo llenarías de argumentos y frases incoherentes de por qué él está equivocado. Sería algo así como: ¡No, Dios! ¡Que no! ¡Que yo ya fui por ahí y me parece que no es! Dios, no voy a dejar el trabajo que tengo por esa oferta buenísima, ¿y si no va bien? Tengo cuentas que pagar. ¡Que no voy a dejar a Luis Alberto, él va a cambiar. El empujón fue un error de cálculos!
Somos voluntariosos.
Nos la pasamos pidiendo iluminación sin estar abiertos a mover un dedo para conseguirlos, sin hacernos responsables. Vivimos pidiendo un resultado distinto a la vida o un cambio de acción. Imploramos al maestro Buda que nos ayude a ser mejores seres humanos, que nos abra caminos, puertas o ventanas ¡lo que sea! Sin embargo, cuando llega la hora de hacer algo diferente para un resultado distinto, nos cagamos de miedo. ¡Como yo en este momento! Que tengo en mis manos la oportunidad de salir del lugar en donde estoy y por terror no puedo ni siquiera decidir para cuándo es que quiero el pasaje. En definitiva, somos seres masoquistas. Nos encanta quedarnos donde nos tratan mal, donde vivimos malas experiencias o donde creemos que somos felices, pero no es más que una ilusión.
一Raquel, estoy esperando por ti, ¿para cuándo quieres el pasaje? 一La voz de mi primo Ricardo me saca de mi divague por el teléfono. Miro hacia el apartamento donde me estoy quedando sin poder comprender por qué me cuesta tanto decidir.
Pensé que mi experiencia en Los Ángeles sería más placentera, pensé que sería diferente, que tropezaría con Jason Momoa o David Beckham en el paseo de las estrellas de la calle Hollywood. No obstante, nada más alejado de la realidad. ¡Ni al doble de Chris Hemsworth! Triste vida.
Al final, eso de llegar a la casa de tu jefa, como que no era muy buena idea después de todo. 一Qué mi papá no me escuche, porque otro “te lo dije” me va a volver más loca de lo que estoy一. Y en realidad yo solo quería vivir. Salir, conocer, experimentar. Jamás pensé que sería tan… ¿Irracional?
一Para hoy está bien. Me quiero ir. Tengo que salir de aquí. 一Le confirmé mordiéndome con nerviosismo la uña del dedo gordo.
Ricardo colgó con la promesa de que en veinte minutos tendría mi pasaje comprado, pero lleno de reproches por no haber llamado antes. Por última vez miré el lugar donde fui tan feliz e infeliz a partes iguales. Llegué aquí con la ilusión de conocer, experimentar, encontrarme. Pero terminé drogada y llena de inseguridades que alimentaban los monstruos de mi pasado. La verdad, me había costado años de terapias con más de quince psicólogas y toneladas de amor propio superarlos como para recaer en esto. Además, desde hace mucho dije no más drogas para volver a consumirme de esa manera. No quería perderme. No estaba dispuesta.
El sonido de la notificación confirmó el vuelo nocturno. Agarré la maleta de sueños e ilusiones que reposaba sobre el banquito de la piscina y tras una última mirada nostálgica y despedidas no dichas, me fui. Porque solo una decide cuándo es el momento de cambiar.
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