Vicisitudes de un amor tóxico

 Vicisitudes de un amor tóxico.

Marián Briceño


Cristina vomitó por tercera vez, ¿o era la cuarta? en ese inodoro lleno de flujos y sustancias ilícitas 一y otras que quizás no tanto一. Ella sabía que debía salir de allí e irse a su casa. Sin embargo, sentía que no había poder humano en esta tierra ni en ningún universo paralelo que la levantara de allí. Era bastante consciente de que nadie más que ella era la responsable de encontrarse en ese estado.


Su amiga Laura se lo advirtió. No obstante, cuando a una mujer terca y tóxica, como ella, se le mete entre ceja y ceja perseguir al ex, esas son las consecuencias que puede sufrir luego de intentar llamar su atención y descubrirlo “con las manos en la masa  «trasero» de otra”.


No sabía dónde se había metido Mateo, pero había algo en ella que la empujaba a salir y buscarlo, como una desesperación que rozaba la ansiedad acelerando también su respiración. Si enfocaba su atención en otra cosa que no fuese el vómito, sabría que las manos estarían frías por el sudor que comenzaba a sentir. Y sabía que si no lo controlaba, al salir de allí sería capaz de rayarle el carro o espichar sus cauchos estuviese donde estuviese. 


Otra arcada se asomó, obligándola a enfocar sus pensamientos en ella y no en su ex. Su amiga Laura seguro le daría un discurso larguísimo explicándole porqué las relaciones tóxicas son malas, pero ella lo sabía, lo que pasa es que no es lo mismo vivirlo que decirlo. Su Mateo era suyo y ella no concebía que escribiera a nadie, ni que volteara a ver a otra que no fuese ella. Si él lo hacía, habría problemas.


Se recostó sobre la pared con el puño en la boca, tragando grueso la bilis que subía y bajaba. Cerró los ojos recordando cómo había terminado allí. Hacía apenas una noche que se habían dejado 一ya había perdido la cuenta de cuántas veces había pasado nada más ese mes一. Ella estaba muy tranquila scrolleando en Instagram 一el feed de Mateo, por supuesto一, y vio que no tenía 1.059 seguidores, sino que ahora eran 1.060. «Quién era el 1.600? ¿Por qué lo aceptó? ¿Cómo se atrevía a aceptarlo o aceptarla sin consultarle? Ellos siempre lo evaluaban juntos y ella tenía que dar el permiso», analizó.


Y lo intentó, por su abuelita Manuela, enterrada, lo intentó dejar pasar. Sin embargo, cuando a una mujer como ella se le mete algo entre ceja y ceja, es muy difícil sacarla de allí. Entonces, de memoria visual sabía quiénes eran los seguidores que con regularidad le daban “me gusta” a sus fotos, pero sabía que esa persona nueva lo haría. Así que investigó y justo en la primera foto que abrió vio su nombre «@patylover», leyó en voz baja.


En un parpadeo, Cristina se convirtió en el FBI de redes sociales. En menos de cinco minutos ya estaba dentro de la cuenta de Mateo y se envió las capturas de pantalla de la conversación entre ambos. El problema con su novio fue tan grande que ella terminó lanzándose del carro en plena avenida principal.


Mateo no se devolvió a recogerla y esa noche le mandó un texto que decía: 

Terminamos, Cristina. No me llames más, no me busques. No quiero saber nada de ti.


«¿Qué es eso que me termina? ¿Quién se cree que es él para dejarme?», se preguntó. Es por eso que Cristina decidió salir a buscarlo aquella noche y pedirle explicaciones. Recientemente había instalado una aplicación de GPS en su celular y sabía dónde estaba en todo momento; y a pesar de las retahílas y negativas de su amiga Laura, ella fue a hacer lo que tenía que hacer.


Lo que no se esperó fue verlo, a su Mateo, al amor de su vida en brazos de otra, que luego supo que era Patricia. Perdió la cordura. Luego de analizar a distancia y varios shots de tequila puro, cuando sintió el primer mareo y fue, tambaleándose a buscarlo, reclamarle. 


Sin embargo, cuando lo vio allí, riendo con ella. Tanta tranquilidad la perturbó y lo supo, lo sintió y una parte de ella lo aceptó. Su Mateo no era suyo. Así que, en contra de ese impulso desesperado que ocurría en ella cuando él hacía algo que ella no aceptaba, decidió volver a la barra y embriagarse. 


Porque a veces, emborracharse podía ser la respuesta, lo demás lo dejaría para mañana. 



Comentarios

  1. Bueeeeee, la amiga Cristina tiene un problema... y todas tenemos una amiga Cristina o fuimos en algún momento Cristina, o algunas lo son ahora 🥴

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